Según el diccionario el prefijo “co” significa unión y colaboración. Dos palabras que debido al boom de la tecnología están presentes en los más diversos ámbitos. Hoy nos unimos para compartir autos, bicicletas, alojamiento, información y también lugar de trabajo. El boom de los coworking y la filosofía tras este negocio.

El concepto no es nuevo. En 1999 el diseñador de videojuegos americano Bernie DeKovem, habló de coworking, planteando una nueva forma de trabajar. Eso sí que su apogeo tardó más tiempo en llegar y solo desde los últimos años, con el boom de los emprendedores independientes, se instaló con firmeza. Hoy se calcula que hay más de 14 mil coworking distribuidos en los cinco continentes y en Chile, hasta la fecha se cuentan cerca de 160 espacios comunes para trabajar.

El aumento de los emprendedores, en parte, se produjo por la eficiencia que permitieron internet y la tecnología en general. Las grandes empresas redujeron sus plantillas y comenzaron a externalizar muchos servicios. A su vez, estas personas ya fuera de las corporaciones, pero ahora más eficientes fueron capaces de efectuar cada una por separado el trabajo que antes realizaba una empresa. Hoy pequeños equipos pueden ser tan competitivos como las grandes instituciones. A esta realidad responde la explosión del coworking.

Más que un lugar, una filosofía

La primera definición de estos espacios habla de un lugar compartido en el que profesionales independientes, startups y pequeños emprendedores se juntan bajo un mismo techo para trabajar cada uno en lo suyo.

Generalmente, a cada persona se le proporciona un escritorio, acceso a internet y a servicios como salas de reuniones, un rincón de café y portabicicletas, entre otros. Todo en un ambiente profesional que motiva. En estos lugares existe la figura del gestor, quien es el encargado de conectar y crear oportunidades profesionales y personales entre y para sus miembros. Ellos son los encargados de velar por un clima de confianza, generar las dinámicas de colaboración que van a permitir acelerar las oportunidades de trabajo y ayudar a los los coworkers tanto en las relaciones entre ellos como también al exterior.

En este contexto, el fenómeno “co” surge con fuerza: no solo se comparte el espacio físico, sino que mucho más que eso. En estas estructuras el conocimiento y know how dejan de ser un patrimonio privado, pues resultan inservibles si no se comparten. Aquí acciones como hablar, proponer, ayudar, conectar, unir y progresar en conjunto con profesionales de diferentes sectores, son esenciales. A tal punto que la persona ya no solo es por lo que sabe sino que por lo que comparte.

Es una economía creativa, donde el jefe y la estructura vertical son reemplazados por la colaboración como motor de ideas, todos ubicados en forma horizontal. Detrás de esta manera de trabajo, no solo hay un espacio común, sino que una filosofía, la pertenencia a una comunidad y un cambio en la manera de vivir.

De hecho, se ha pensado e incluso ya se ha puesto en práctica la idea de trasladar esta forma de trabajo a las empresas. Son los inicios del coworking corporativo.

Richard Sheridan en su libro, “Joy Inc.: How We Built a Workplace People Love” narra la experiencia en el cambio de la manera de trabajar que aplicó en su empresa de desarrollo de software (Menlo Innovations). En ella optimizó el entorno de trabajo y puso en marcha políticas para fomentar la colaboración de sus empleados. Por ejemplo, Menlo le abre la puerta a emprendedores para que por un tiempo trabajen con sus programadores. Al generarse conexiones, el resultado fue el surgimiento de innovaciones y una mayor productividad. Por supuesto, que los grandes tecnológicos como Google, Facebook y Airbnb, entre otros ya operan así. Hoy son las empresas tradicionales como Endesa y General Electric, las que ya anunciaron cambios en sus oficinas para adecuarse a estos nuevos cánones. Las nuevas tecnologías permiten el trabajo desde centros diseminados, haciendo cada vez menos necesarias las grandes sedes corporativas y propiciando la puesta en marcha de unidades más pequeñas y operativas. Además, se han dado cuenta de la importancia de esquemas de trabajos más flexibles para atraer a la civilización millennial. Todo con el fin de fomentar la creatividad, el aprendizaje, la colaboración, el talento y, en definitiva, la innovación.

Las razones del éxito

  • Reduce los costos fijos de arriendo, cuentas, limpieza, entre otros, ya que se comparten los gastos de infraestructura con los demás miembros del espacio. Además, existe flexibilidad de uso. Se ofrecen diferentes planes en función de las horas que cada uno necesita.
  • Obliga a trabajar. Frente a la opción de quedarse en la casa, el coworking es el impulso para delimitar bien los espacios, no perder la rutina y evitar por ejemplo, quedarse en pijama. Sin duda, ayuda a conseguir el equilibrio entre la vida laboral y personal.
  • Además, permite proyectar una imagen más profesional y tener un espacio adecuado para reunirse con clientes.
  • Facilidad de contactos: La comunidad facilita conseguir nuevos proveedores, clientes, patrocinadores y partners, entre otros. La red de contactos, la comunidad del coworking ha demostrado ser muy efectiva para conseguir clientes, patrocinadores, proveedores y partners; para compartir e intercambiar opiniones, para conocer nuevos puntos de vista y en definitiva para innovar.
  • Sociabilidad: La comunidad no solo beneficia en lo profesional sino que, también satisface la necesidad social que tiene todo ser humano. Es muy beneficioso para la mente e incluso para la productividad comentar el partido de fútbol del día anterior o el último capítulo de la serie.

Coworking en Chile

En nuestro país hay diversas opciones de lugares para coworking tanto en Santiago como en regiones y los planes se adecuan según las necesidades de la persona.

En septiembre la multinacional WeWork, líder mundial en coworking, abrirá sus primeras oficinas en Santiago.

«Chile continúa posicionándose como la cuna de la innovación y del emprendimiento en Latinoamérica. Debido a la presencia global de WeWork y nuestra gran expansión en la región, representa un mercado en el que debíamos estar», dijo a Efe Patricio Fuks, director general de WeWork Latinoamérica.

La firma, creada en Nueva York en 2010 y con presencia en 20 países, tendrá en la capital chilena la mitad de un edificio ubicado en Las Condes, con 21 pisos y una capacidad para más de 2.100 miembros. Además ofrece formar parte de una comunidad global de más de 200 mil  miembros. Sin duda, un entorno propicio para que surjan oportunidades de negocio.