Estamos en un mundo conectado donde la innovación es una premisa, y en el que cada vez más es más importante la colaboración, la generación de valor, la autenticidad y la confianza.

Estos nuevos retos, que las organizaciones tradicionales son incapaces de resolver con el modelo jerárquico, están generando un orden emergente que surge como resultado de las relaciones de colaboración y la credibilidad, las redarquías. Necesitamos construir nuevas organizaciones más abiertas, participativas y transparentes; organizaciones que nos permitan dar una mejor respuesta a los nuevos procesos colaborativos de creación de valor.

El modelo jerárquico no desaparecerá, sino que seguirá operativo para reflejar la estructura de delegación de autoridad en las organizaciones y para preservar la responsabilidad, la capacidad de decisión y el control.

Pero cada vez más los conceptos a manejar no son la eficiencia y la escalabilidad, que nos llevaron a adoptar las jerarquías basadas en el modelo de autoridad de los ejércitos, sino que explotar la creatividad y pasión de las personas en organizaciones ágiles y flexibles, donde podemos dar lo mejor de nosotros mismos y crear valor económico y social de forma sostenible. Los agentes se relacionan los unos con los otros de forma abierta y el trabajo se realiza de forma distribuida, aprovechando las conexiones entre los diferentes nodos de generación de valor y eliminando burocracia y controles.

Si bien estas estructuras son nuevas, ya hace un tiempo que este tipo de organizaciones como comunidades de códigos de software abiertos o la misma Wikipedia están creando valor. En muchas de nuestras organizaciones ya no hay espacio para generar valor sin desarrollar redarquías, necesarias en la transformación digital.